10 marzo 2009

Historias

"Había una vez un mercado, hace miles de años, no importa dónde. Los mercaderes regresaban de mares remotos con especias, sedas y piedras preciosas. Las caravanas llegaban por desiertos abrasadores cargados de dátiles, higos, serpientes, loros, monos, músicas desconocidas y relatos exóticos. El mercado era el núcleo de la ciudad, el corazón, el eje central. La gente madrugaba para acudir en busca de café y verduras, huevos y vino, cazuelas y alfombras, anillos y collares, juguetes y caramelos, en busca de amor, de cuerdas, jabón, carros y carretillas, de cabras o de irascibles camellos. Iban a observar y escuchar, a maravillarse, a comprar y a divertirse. Pero ante todo, iban para encontrarse con otra gente. Y hablar.
En el mercado, el lenguaje maduraba. Era más audaz, más sofisticado. Saltaba de una mente a otra. Estimulado por la curiosidad y la sorpresa, corrió increíbles riesgos que nadie había osado imaginar, construyó civilizaciones enteras desde cero.
Los mercados eran conversaciones y las rutas comerciales terminaron de crear las historias. La voz humana es la música que siempre hemos esperado oír, y la que todavía entendemos mejor.
"