03 noviembre 2008

Lunes

Hoy hasta el ordenador se ha negado a entenderle. El lenguaje es demasiado confuso se dice mientras busca en sus cajones un poco de ese líquido que calienta la sangre y despierta el alma. A través del teléfono alguien le gritó como si el mundo fuera a terminarse y, si así fuese, ¿qué urgencia habría entonces?. Harto de esforzarse por objetivos tan inciertos bebe un pequeño sorbo y se queda mirando por la ventana. Ahí fuera sigue lloviendo.