Amaterasu
Cuenta la leyenda que el ancestral dios Izanagi y su esposa Izanami crearon muchas islas y deidades de Japón. Cuando Izanami murió dando a luz, Izanagi viajó al inframundo para rescatarla y, aunque fracasó, consiguió escapar con vida. En el rito de limpieza espiritual posterior a su regreso, engendró a Amaterasu a partir de su ojo izquierdo, a Tsukuyomi de su ojo derecho, y a Susanoo de su nariz.
Izanagi otorgó a Amaterasu los cielos (diosa del Sol), a Tsukuyomi la noche (dios de la Luna) y a Susanoo los océanos (dios de las tormentas). Susanoo se sintió engañado y, años más tarde, cuando Amaterasu fue enviada a conquistar las Altas Llanuras del Cielo, éste le prepuso una competición de la que ella resultó vencedora. Susanno, enfurecido, ofendió a Amaterasu y ésta, asustada, se refugió en una cueva en el cielo, tapando la entrada con una gran roca. Desde ese momento el mundo se sumergió en una oscuridad profunda, plagándose de malos espíritus y sumiéndose en el caos.
Los demás dioses, temiendo que las tinieblas perduraran para siempre, reprendieron severamente a Susanoo, y para incitar a Amaterasu a salir, se pusieron a danzar muy festivamente en la entrada de la cueva y colgaron un espejo en su entrada. El ruido exterior atrajo mucho la cuiosidad de Amaterasu, quien salió y se encontró con una diosa brillante y llena de luz. Un segundo después se dió cuenta que era su propio reflejo en el espejo. Este espejo sagrado es conocido como Yata-no-Kagami.
Izanagi otorgó a Amaterasu los cielos (diosa del Sol), a Tsukuyomi la noche (dios de la Luna) y a Susanoo los océanos (dios de las tormentas). Susanoo se sintió engañado y, años más tarde, cuando Amaterasu fue enviada a conquistar las Altas Llanuras del Cielo, éste le prepuso una competición de la que ella resultó vencedora. Susanno, enfurecido, ofendió a Amaterasu y ésta, asustada, se refugió en una cueva en el cielo, tapando la entrada con una gran roca. Desde ese momento el mundo se sumergió en una oscuridad profunda, plagándose de malos espíritus y sumiéndose en el caos.
Los demás dioses, temiendo que las tinieblas perduraran para siempre, reprendieron severamente a Susanoo, y para incitar a Amaterasu a salir, se pusieron a danzar muy festivamente en la entrada de la cueva y colgaron un espejo en su entrada. El ruido exterior atrajo mucho la cuiosidad de Amaterasu, quien salió y se encontró con una diosa brillante y llena de luz. Un segundo después se dió cuenta que era su propio reflejo en el espejo. Este espejo sagrado es conocido como Yata-no-Kagami.



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